Cuando en 2014 comencé el curso de formación de profesora de yoga para niños nunca pensé que aquel curso sería el más significativo de todos los cursos de yoga que he hecho hasta el momento, me refiero en el sentido de evolucionar como persona.
En el curso de Hatha Yoga habíamos visto cómo hacer posturas de yoga con los peques, pero desde luego cuando Christine McArdle empezó a contarnos aquel primer día de curso lo que era el yoga para niños, me di cuenta de que jamás se me habría pasado por la cabeza la complejidad que podía llegar a tener darle clases de yoga a los pequeños.
Además, te vas dando cuenta de cómo parte de lo que eres como persona, como adulto, viene desde la infancia. Y te das cuenta de porqué eras como eras, de porqué te comportabas de formas determinadas. Descubres qué cosas te han hecho ser, reaccionar y comportarte de cierta manera, definiéndote tal como eres… hay tantas cosas que descubrir de nosotros mismos… que es sorprendente.
Qué se dice sobre este tema
De acuerdo a mi querida maestra Christine McArdle (alma que vive y disfruta el yoga y sólo sabe infundir amor cuando habla), el yoga para niños es una herramienta para calmarse, concentrarse, aprender a respirar, aprender a autorregularse, para entenderse a uno mismo y saber qué hacer en cada momento con como nos encontramos, para tener más autoestima y valorarse, para aprender a moverse y mantenerse en forma y sanos, para entender que formamos parte de algo más grande, …
Christine McArdle habla del desarrollo integral de la persona mediante la consciencia corporal (cuerpo), el desarrollo cognitivo (mente) y desarrollo socioemocional (corazón). Para ello se usan juegos, cuentos, canciones, posiciones corporales, música, expresión artística, … y un largo etcétera de actividades para lograr que todo sea divertido y enriquecedor a su vez.
Además, ella siempre conecta el yoga con el aprendizaje, destacando la importancia del yoga en los colegios. Busca la integración del desarrollo socioemocional en los proyectos educativos, ofrecer estrategias y herramientas de desarrollo personal para la vida, generar vínculos afectivos entre alumnos-docentes-padres, … busca un cambio.
Os dejo aquí los enlaces a un par de entrevistas a Christine que hay en la red:
De acuerdo a mi experiencia
Lo que seguro os puedo contar del yoga para niños es que desde luego no son sólo posturas. De hecho, muchas veces desarrollamos nuestras capacidades físicas jugando al elástico, a la comba, al pilla-pilla, la gallinita ciega o el escondite inglés, entre otros juegos varios. Y además se hacen otras cosas con otras herramientas….

El yoga para niños yo lo vivo como una forma de completarse como persona: tener un desarrollo físico adecuado, capacidad de concentración, reconocimiento y gestión de emociones con su consiguiente autocontrol, normas de convivencia y resolución de conflictos, aumentar la autoestima, fomentar el amor hacia uno mismo y los demás, saber cuidarse con una buena alimentación, … y todo aquello que se me ocurre que puede hacernos mejores personas trabajándolo desde pequeños.
Lo que tengo claro es que las personas adultas nos formamos como personas desde que nacemos. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor nos afecta y nos hace desarrollarnos con unos rasgos u otros. Muchas veces, no obtenemos todo lo que necesitamos de nuestro alrededor y quedamos “incompletos”. Aquí es donde el yoga hace su labor 😊.
En mis clases trabajamos ser niños “completos” y felices, pero felices con nosotros mismos primero, por dentro, para luego ser felices por fuera. Y para ello usamos muchas herramientas: el juego, la música, la meditación, la creatividad, posturas de yoga, cantar, bailar, … y lo que haga falta… incluso una goma puede ser una herramienta, ¿para qué? Para borrar y rectificar aquello que hemos aprendido a hacer mejor.
Os cuento que en una de las clases de la formación del yoga para niños nos dijeron que nos comportásemos como si fuéramos niños, que cerrásemos nuestros ojos por un momento y buscáramos dentro de nosotros nuestro niño interior. Seguidamente, nos dijeron de ponernos en una fila y actuar como nosotros éramos de niños. Para mi sorpresa, me transformé en una niña silenciosa, atenta a la “maestra”, a la que le molestaba que los demás niños gritaran y se movieran, y sobre todo, que me pusieran un dedo encima del hombro o en mi espalda (¡¡me molestó muchísimo!!).
Ante esto solo me quedó reflexionar sobre lo que estaba sucediendo: ¡sorpresa! ¡mi niña interior seguía dentro de mí y me recordó cómo era cuando era pequeña! En ese momento comprendí cómo crecí siendo una persona sensible a los ruidos, al tacto, muy sensible emocionalmente, … y entendí por qué soy como soy en algunas facetas que aún no me había parado a descubrir sobre mí. Aprendí en aquella clase que el desconocimiento sobre mi persona me había generado sentirme rara y fuera de lugar durante mucho tiempo, cuando en realidad gran parte de mi comportamiento sólo se trataba de la integración sensorial que yo había tenido. (Ya hablaremos de esto en otro momento :D!)
Eso es lo que no quiero que les suceda a esos niños que necesitan “completarse”. Quiero que se conozcan, que sepan por qué son como son, que se sepan controlar, que sean felices. Y por supuesto, que sigan siendo muy felices cuando lleguen a adultos.