¿Por qué Montessori?
Montessori: una filosofía de vida

La primera vez que oí la palabra Montessori la hice repetir porque no me enteré; o sea, aquello que hacemos cuando nos suena rarísima una palabra la primera vez que la oímos. Yo estaba en mi primera sesión de la formación de yoga para niños, y la profesora hizo referencia a esta metodología porque ella había trabajado como guía Montessori en Estados Unidos.

Nosotras, las alumnas de la formación, le preguntamos acerca de esta metodología porque parecía que ella lo veía íntimamente ligado a las necesidades de la persona. Fue aquí cuando por primera vez me explicaban que era una forma de educar a los niños y niñas que respetaba sus necesidades e inquietudes en cada momento de su desarrollo.

Al niño o niña se le iba dando la libertad de elegir dentro de un ambiente aquello que le parecía más interesante y que quería trabajar, dándole opción a trabajar con el material que quisiese en el momento que le apeteciese. Esta libertad era limitada por el ambiente, que ponía a disposición de ese niño o niña todo aquello que pudiera necesitar, y que le ayudara a desarrollar sus destrezas y habilidades en su vida diaria.

Qué se dice sobre este tema

De acuerdo a la Association Montessori Internationale (AMI), la educación Montessori es aquella que construye la capacidad del niño para llegar a ser un adulto pleno y productivo que pueda contribuir al mundo, tanto en casa, como en el trabajo o su comunidad. Esta educación apuesta por el desarrollo natural del niño, dándole las habilidades y soporte necesarios para alcanzar su máximo potencial en la vida.

El método Montessori se basa en la observación de niños y niñas, viendo sus distintas fases del desarrollo, potencialidades, intereses y capacidades. Este método se caracteriza por el hecho de que los niños deben tener la libertad necesaria para desarrollarse y aprender de forma autónoma y a su ritmo dentro de un ambiente preparado con todo detalle estudiado para la obtención de un fin específico en su desarrollo. Es decir, el niño se autorregula y se desarrolla de forma autónoma mientras la o el guía lo observan para poder poner a su disposición los materiales que se consideren necesarios de acuerdo a la etapa en la que están en ese momento.

Lejos de la idea equivocada de “descontrol” o falta de límites, el ambiente Montessori es un ambiente completamente estudiado y confeccionado para establecer una serie de limitaciones que aseguren el desarrollo de ciertas necesidades que se observan en los niños y niñas, estructurando los distintos aprendizajes con los diferentes materiales seleccionados por la persona guía que se encarga de la observación de las etapas en las que viven los alumnos y alumnas. Los límites son completamente necesarios en el desarrollo de los niños y niñas, les dan seguridad y calma, les ayudan a autorregularse emocionalmente y contribuyen a una mejor interiorización de la organización y la temporalidad dentro del día.

La educación Montessori está considerada como parte de los métodos de crianza respetuosa, buscando un equilibrio entre la educación autoritaria y la permisiva (una perspectiva equilibrada entre estas dos vertientes es la de la Disciplina Positiva, que suele usarse con el método Montessori en los centros de educación que utilizan esta metodología). Las personas adultas asumen su autoridad, ponen límites de forma respetuosa, aplican consecuencias y ayudan al niño a encontrar soluciones. De esta forma, al sentirse el niño aceptado, apreciado y querido, desarrolla una autoestima sana y aprende a autorregularse, llegando a una alta tolerancia de la frustración. De igual forma desarrollará unas habilidades sociales con las que podrá comunicar sus necesidades y sentimientos mientras tiene en cuenta los de los demás, y será participativo, cooperador y asumirá responsabilidades.

En la actualidad, se siguen corroborando desde la neurociencia observaciones que hizo la Doctora Montessori (1870-1952), validando día a día este método educativo que cada vez atrae a más familias por los beneficios encontrados en los niños y niñas que son educados en estos ambientes.

Os dejo aquí un par de enlaces para seguir indagando en la metodología:

https://montessori-ami.org/home

https://montessorispace.com/blog

De acuerdo a mi experiencia

Yo elegí Montessori para mi formación y sigo confiando en el poder de esta metodología porque de una forma u otra, en casa recibí una educación bastante “montessoriana”. Mi padre y mi madre, de origen humilde y trabajadores de la tierra y la ganadería, no sabían ni conocían acerca de Maria Montessori, pero sí me hicieron desarrollarme en un ambiente de autonomía e independencia. Siempre fui enseñada a hacer todo tipo de trabajos: colaboraba en la limpieza de la casa, en la cocina, arreglando distintas cosas con mi padre, trabajos del huerto, trabajos de construcción en casa, … mi padre me dejaba meterme a aprender de cualquier cosa que él estuviera haciendo y con paciencia, esperaba a que aprendiera a hacer aquellas tareas, que sabía que algún día, con la práctica, conseguiría hacer con más habilidad.

De esta forma, entiendo que gracias a esa educación para la autonomía adquirí mis destrezas, desarrollo y conocimiento necesario para el desenvolvimiento en la vida, como persona, como miembro de una comunidad.

Como madre, he intentado siempre observar a mi hija y guiarla cuando ella lo necesitaba o requería. Le he dado todo mi apoyo, cubriéndole sus necesidades afectivas, sociales, motoras y cognitivas de la mejor forma que he podido. He dejado que se desarrolle con libertad de movimiento, la he incluido en tareas como cocinar desde que tenía dos años, la he llevado en mochila para entre otras cosas, estuviera a mi altura cuando me relacionaba con otras personas y desarrollara su lenguaje, … etc. Todo ello, intentando darle autonomía, libertad de elección entre opciones limitadas, con ambientes preparados a su tamaño en las distintas estancias de la casa, … y una educación regida por el respeto y la cooperación, apoyada en la disciplina positiva, intentando que la firmeza y la amabilidad equilibraran y no se tendiese ni al autoritarismo ni a la permisividad.

No puedo opinar sobre mi hija, porque mi visión seguro que no sería totalmente objetiva, pero veo que entre los distintos retos que nos vamos encontrando por el camino, se encuentra una futura mujer con autodisciplina, respeto, responsabilidad, competencia para resolver problemas, autoconfianza, … una persona con las capacidades necesarias para desenvolverse en la vida dentro de una sociedad.

Como guía, he tenido el gusto de ver en comunidad infantil (desde aprox 18 meses hasta 3 años) a niños y niñas que se sirven de forma autónoma la comida, llevan bandejas con comida hasta la mesa, se friegan sus platos, tienden ropa, se concentran trabajando con materiales por largos periodos de tiempo (¡puedo hablar de horas!), aprenden el autocuidado delante de un espejo, a ponerse los zapatos sin ayuda, … dejadme decir que es una maravilla ver a esos niños poder desenvolverse de esa forma.

Y mientras realizan todos estos trabajos, aprenden también a relacionarse entre ellos, mejorando sus habilidades sociales cada día con respeto y con amor, fortaleciendo sus capacidades lingüísticas, desarrollando sus necesidades afectivas, teniendo opción a ejercitar sus habilidades motoras siempre que lo necesiten y no cuando “los dejan”, y por supuesto, permitiendo que trabajen con los materiales que despierten su interés porque en ese momento, su capacidad cognitiva estará abierta a absorber todo descubrimiento que surja de esa curiosidad.

En definitiva, por todo esto yo elijo Montessori.

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