Siempre esperamos a encontrarnos realmente mal para ir al médico, si no todos, un gran número de nosotros. Yo no es que fuera reacia a ir al médico, pero iba cuando era “necesario”. En cuestión de unos años viviendo en Madrid, comencé a encontrarme muy mal de salud. No podía salir a montar en bici o simplemente me ahogaba haciendo cualquier cosa en casa que requiriera subir los brazos y desplazar un objeto de un mueble a otro. También tenía dolor de espalda, o más bien, de casi todo. Había llegado el momento de ir al médico. Me saqué un seguro privado porque en la Seguridad Social no me estaban ayudando mucho y comencé a buscar a alguien que pudiera ayudarme.
Nunca olvidaré aquella primera visita al médico privado en Madrid. Fue un traumatólogo, porque realmente a primeras, a mí me dolía la espalda y no dormía bien de los dolores que tenía. Así que allí me presenté. Era un señor de mediana edad que me pidió hacerme una radiografía de la espalda. Cuando la tuve y volví, sus palabras fueron: “veo que estás bien, pero sí que hay algo que me llama la atención: tienes la espalda demasiado recta”.
Acto seguido, el señor me derivó a reumatología y me recomendó practicar yoga o pilates,… ya os explicaré mi visión sobre esta elección.
Qué se dice sobre este tema
De acuerdo a la Web de la Espalda, cuya información principalmente la divulga el Prof. D. Francisco M. Kovacs, director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), las rectificaciones son una reducción de las curvaturas de nuestra espalda, generando que la espalda esté más recta de lo normal y generando ese dolor de espalda.
Generalmente, estas rectificaciones son debidas a herencias genéticas, poco ejercicio realizado en la infancia o tensión muscular. Debido a que hay personas que aún teniendo rectificaciones todas ellas, algunas tienen dolores y otras no, se ha considerado un hecho irrelevante cuando vamos al médico y lo ven en una radiografía.
De acuerdo a mi experiencia
Esto puede generar que algunos médicos “pasen” de nosotros si ven una rectificación en las pruebas que nos hacen. Hay que tener en cuenta que una rectificación puede ser que la tengamos de nacimiento o la desarrollemos en la infancia y ésta nos genere una tensión muscular que debe aguantar esa rectificación de la columna. O puede suceder, que la tensión muscular y la falta de ejercicio en nuestra vida diaria de adultos, nos genere esa rectificación y ese dolor de espalda. No se sabe si fue antes el huevo o la gallina.
El caso es que esta tensión, aunque muchos no lleguen a relacionarlo, genera que a veces no descansemos adecuadamente. Cuando hay pequeñas tensiones en nuestra espalda, dormimos incómodos, pero para algunas personas no es perceptible porque duermen como troncos. Eso sí, esa molestia, nunca se acaba. Son aquellos que por ejemplo siempre están crujiendo el cuello, o que sin saber por qué, siempre se sientan apoyados en una misma parte del cuerpo, o aquellos que cuando se paran de pie, siempre se ponen la misma mano en la misma zona de la espalda.
Con el tiempo descubrí que en mi caso se trataba de que tenía tanta tensión en los músculos de la espalda que incluso tenía siete vertebras bloqueadas en la zona superior de la espalda. De esta tensión muscular, ya hablaremos en otra entrada. No obstante, cabe decir, que en algunos casos como el mío, no bastará con hacer ejercicio, porque hay más variables implicadas. Siempre hay que tener en cuenta que nuestro cuerpo es un todo. El cuerpo no podemos verlo por partes.
Entre las cosas a tener en cuenta para tener la musculatura relajada y no tener dolores se encuentran: hacer ejercicio y estiramientos diariamente, tener una buena dieta que permita que tu intestino funcione correctamente y te permita dormir bien, ir al fisioterapeuta de vez en cuando, procurar tener una mente fuerte que no se estrese en circunstancias de trabajo diario,… ¡hay que cuidarse!
Algunos diréis que qué tendrá que ver el alimentarse bien con el dormir, pero eso ya os lo explico en otra ocasión porque tiene mucho que explicar! Puede ser que si tu intestino no está bien, tu cuerpo no entre en relajación durante las fases del sueño y que tus músculos no se relajen mientras duermes. Resultado: contracturas continuas que nunca se van.
El mejor consejo es que hagamos mucho ejercicio desde pequeños, y no nos olvidemos de mantener nuestra musculatura en nuestros años de adulto. La musculatura hay que trabajarla y mantenerla para que esté fuerte, sea resistente y bien coordinada. Pero ojo, no os olvidéis del resto de variables que pueden afectar.