Hasta una edad bastante adulta he tenido muchas dudas sobre qué eran las emociones, sinceramente, hay palabras que se me cruzan y no acabo de entender el significado. Un día me explicaron: “sí, es cuando estás triste, alegre, enfadado” … y me quedé con eso.
En los últimos años empecé a escuchar mucho por ahí que si las emociones, que si el control de las emociones, que si la inteligencia emocional, que si hay que trabajar las emociones con los niños y niñas, … la palabreja me aparecía por todas partes, y yo me preguntaba hasta qué punto era tan importante esto, ya que bueno, todos sabemos cuándo estamos contentos, tristes o enfadados. O eso creía yo.
Pues el topetazo que me llevé cuando empecé a jugar a un juego de emociones con mi hija fue bueno, me costaba la vida encontrar escenas en las que estuviera sintiendo una cosa u otra, pero cuando hice el curso de disciplina positiva y teníamos qué definir qué estábamos sintiendo en un determinado momento después de una escena que habíamos representado, entonces ya es que me di cuenta de que realmente no sabía reconocer mis emociones, o al menos, me costaba muchísimo, tenía que pensarlo seriamente.
También me di cuenta de que no era la única allí, … se veía que había personas que también tenían sus serios problemas en reconocer qué estaban sintiendo en ese momento.
Qué se dice sobre este tema
Si recurrimos a los diccionarios, podemos seguir un poco perdidos, porque las definiciones que incluyen “sentimientos”, “alteración” producida por un sentimiento, … tampoco es que te dejen claro de qué se trata.
De acuerdo a las definiciones que nos brinda la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), me quedo con esta:
Emoción: Respuesta psicofisiológica del cuerpo ante un estímulo externo o interno.
Lo explico. Es decir:
– la emoción es una respuesta del cuerpo, que empezará a segregar hormonas o neurotransmisores
– ante un estímulo externo, es decir, que venga de algo que nos esté sucediendo en ese momento a nuestro alrededor, como puede ser un gesto de otra persona, una ráfaga de viento que nos traiga un aroma, o el movimiento de un animal, por ejemplo.
– o un estímulo interno, es decir, que rememorando recuerdos que tengamos en nuestra mente, también puede darse una respuesta del cuerpo.
De acuerdo a las explicaciones del Dr. Jose Mazón, neuropsicólogo y psicólogo clínico, una emoción que genere ansiedad, por ejemplo, despierta segregaciones de hormonas y neurotransmisores en el encéfalo, la respuesta del eje hipotálamo-hipofisis hace que lleguen ordenes hasta la medula espinal y de ahí, al sistema nervioso autónomo, generando una respuesta del sistema simpático que llega con sus instrucciones hasta los órganos.
Sublime. He ahí por qué la ansiedad nos produce problemas digestivos, por ejemplo. Lo explico con otras palabras a continuación.
El doctor Mazón quería decir por tanto, que cuando por ejemplo nosotros nos asustamos de algo, el cuerpo detecta que es un peligro, rápidamente despierta nuestro modo lucha-huida y nos preparamos para defendernos. Esto conlleva que nuestro cuerpo despierta todas las capacidades necesarias para ello, y deja de lado aquellas que no necesita, como por ejemplo, comer, ya que ese no es el momento de un festín.
Os dejo aquí un par de enlaces interesantes:
https://www.psicologicamenteonline.com/emociones-que-son-y-para-que-sirven/
De acuerdo a mi experiencia
Como os decía, las emociones no son tan fáciles de reconocer cuando se trata de escucharte a ti mismo o misma todo el día. Las emociones están contigo todo el día, a todas horas, y claro, hay emociones más fuertes y emociones más llevaderas.
¿Y sabéis cual es la diferencia entre una emoción y un sentimiento? Difícil, ¿eh? Pues por lo que he aprendido en los últimos días formándome en inteligencia emocional, porque antes no sabría habértelo dicho, la diferencia estriba en que:
– la emoción dura unos segundos, pero se siente, es una respuesta del cuerpo;
– un sentimiento puede durar horas o incluso días, porque un sentimiento se piensa, y es cuando se ata la emoción que hemos sentido en nuestro pensamiento a nuestra experiencia vital.
Y si ya nos vamos al concepto de estado de ánimo, pues éste depende del impacto que haya tenido una emoción en ti, ya que si ha sido un golpe muy duro y no has sabido gestionarlo bien, te cambia el estado de ánimo y puedes estar con sus consecuencias días y días, o incluso necesitar ayuda psicológica.
Complicado todo esto.
Debo decir que creo que llevo toda la vida subestimando la inteligencia emocional, y que en cierta forma soy capaz de darme cuenta de que esta ha sido la base de muchos problemas físicos que he tenido y sigo teniendo.
Esto demuestra lo importantísimo que es que enseñemos a los peques a saber gestionar las emociones, y para ello primero tenemos que saber gestionarla los papis y mamis 😊.
Es de gran importancia saber reconocer qué estamos sintiendo en nuestro interior y qué están sintiendo las personas que tenemos a nuestro alrededor, es necesario saber cómo nos va a ayudar o limitar aquello que estamos sintiendo, es útil ser capaces de identificar el origen de esa emoción y como no, es realmente interesante saber manejar adecuadamente nuestras emociones.
¿Os dais cuenta de que con este arma podemos mejorar nuestras relaciones sociales? ¿Nuestra comunicación con las personas de nuestro entorno? ¡Incluso hasta mejorar nuestro autoconcepto! Podríamos mejorar nuestra relación en la pareja, con nuestros hijos o hijas, en el trabajo, resolver problemas con más asertividad, tener una visión más optimista del mundo y el futuro, aprender a ser más flexibles, mejorar nuestra tolerancia al estrés (ya hablaremos de esto otro día), … es decir, ser más felices, vivir con una sensación plena de felicidad.
¿Qué os parece? Interesante, ¿eh? Yo estoy alucinando 😊 de lo importante que es.

