A menudo se pueden oír frases como: no puedo comer de nada, el médico me ha quitado de comer, ya no sé lo que voy a comer porque todo me sienta mal, …
Yo empecé a decir estas frases con 23 o 24 años, cuando me sentía mal con todo lo que comía. Me sentaba mal la comida, pero también me sentía muy cansada, cuando dormía no descansaba bien, … en fin, esas cosas que no relacionaba en aquel entonces con una dieta desacertada para mi cuerpo.
Con 24 años, mi intestino ya empezó a ir bastante mal. Comencé a tener diarreas a menudo, y claro, a perder peso y a encontrarme peor aún. Todavía vivía en Málaga y el médico de cabecera me derivó al digestivo. Cuando visité al digestivo al fin, aquella tarde me dejó echa polvo: el médico me había quitado de comer. No podía comer enlatados, embutidos, procesados, … y en aquél entonces esto era básico en mi alimentación. Ese era el problema, que comía demasiado mal, pero no entendía nada.
Qué se dice sobre este tema
De acuerdo a la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), el 50% de la población española padece alguna patología digestiva.
La FEAD es una institución privada sin ánimo de lucro con más de 2.500 especialistas del Aparato Digestivo, promovida por la Sociedad Española de Patología Digestiva y sometida al protectorado del Ministerio de Educación y Ciencia.
Esta fundación defiende que la dieta es uno de los aspectos básicos para prevenir enfermedades digestivas y realizan campañas de concienciación y sensibilización para promocionar la salud digestiva y mentalizar sobre la importancia de diagnosticar de forma precoz las enfermedades digestivas y prevenirlas.

Dado que la alimentación se relaciona con problemas gastrointestinales de forma clara, se hace hincapié en realizar talleres de alimentación y hábitos para abordar trastornos digestivos frecuentes. Igualmente se considera importante el control del estrés, ya que del mismo modo, se considera un factor que ocasiona enfermedades del aparato digestivo.
De acuerdo a mi experiencia
Las dietas que se tienen hoy día no son nada sanas, y es que con las prisas que vivimos, el contrarreloj nos empuja a comprar esos alimentos procesados que como mínimo tienen… ¿cuántos aditivos?… mejor no contarlos. ¿Os paráis a leer los ingredientes de lo que compráis?
Como es normal, dado que nuestro aparato digestivo se dedica a transformar lo que comemos en energía para nuestro cuerpo, si le metemos malos alimentos, obtendremos malestares digestivos y por ende, malestares generalizados.
Hay personas que prefieren tomar medicamentos para los malestares que tienen en vez de hacer una dieta que les restrinja de alguna manera lo que comen. Pero claro, no se paran a pensar en las consecuencias que tendrá el tomarse ese medicamento durante un tiempo prolongado.
Os aseguro que yo no entendí lo que dijo aquel médico aquel día, pero que con los años y la experiencia de años y años de problemas digestivos, lo que me recomendó fue lo más sabio que me podía haber dicho. Lástima que no le hice demasiado caso hasta pasados unos … bastantes años.
La primera vez que empecé a hacer dieta fue relacionada con intolerancias: en dos meses había dejado de tener diarrea después de 6 años de diarrea crónica. La siguiente ya empezó a ser más fuerte: el azúcar. Después vino la dieta FODMAP para el sobrecrecimiento bacteriano. Luego la más estricta que tuve y después la dieta que me pide el cuerpo. Cada vez más estricta y más restrictiva, pero es lo necesario para encontrarse bien. Os puedo asegurar que eso de no comer enlatados y embutidos ya me parece una tontería jajaja.
Tengo claro que hay muchos problemas digestivos que generan malestares después de las comidas, y que hay que consultar con un médico especialista digestivo. Yo siempre he ido de la mano de digestivos, internistas, naturópatas y nutricionistas a la vez en temas digestivos. Pero os puedo asegurar que al final los digestivos son los que menos me han ayudado. ¿Por qué? Pues no sabría deciros por qué, pero creo que se debe a que se centran en medicar las enfermedades y no en prevenirlas.
Pero hay que ir a los especialistas, hacerse las pruebas pertinentes, y asegurarse de que todo está más o menos bajo control. Después viene hacer la dieta necesaria y seguir las directrices de aquellos que más te estén ayudando: que es el probiótico de la internista, pues eso; que es el jarabe del naturópata, pues eso; que es la dieta demoníaca del médico-nutricionista, pues eso.
Lo que sí está claro es que siempre tienes que sentir la mejoría y eso se nota rápido en cuestión de alimentación. Máximo en dos meses notas un cambio radical en la salud si tu alimentación está yendo por la vía adecuada.
Ah, bueno, hay personas a las que dos meses les parece mucho… pero como decía mi amiga Anna: “¿cuánto tiempo has tardado en llegar hasta aquí? Pues necesitarás el mismo tiempo o más en volver a estar tan bien como antes”.
Tengo tanto que contaros de alimentación… que no sé por dónde empezar :D. Pero por empezar por algún sitio ya os digo que la mejor dieta es siempre comer alimentos naturales que sólo tú elabores en casa.
Otro tema a tocar es lo que mencionaba antes en cuanto a que el estrés. Está claro que hay personas a las que el control de las emociones les sobrepasa y esto lo somatizamos y nos afecta a la salud. Pero de eso ya hablaremos en otro momento 😉.
Os dejo un par de enlaces que me han gustado mucho cuando los he leído y espero que a algunos os ayuden:
https://www.evamuerdelamanzana.com/testimonio-de-un-infierno-digestivo-a-una-vida-normal/
https://www.objetivobienestar.com/malas-digestiones-causas-emocionales-y-fisicas_11193_102.html